viernes, 23 de junio de 2017

1142.- EL GIGANTE CUCUTEÑO DEL RUGBY



Jairo Andrés Navarro

El nortesantandereano Andrés Felipe Zafra ha jugado casi todos los partidos con el equipo juvenil, y dos compromisos con el plantel profesional de LOU.

Andrés Felipe Zafra Tarazona es un gigante. No solo por el metro con noventa y seis que tiene de estatura y los ciento quince kilogramos que pesa. Es un gigante porque con apenas 22 años de edad sigue abriéndose camino en Francia, con el rugby, y señalándole el sendero a futuras estrellas de ese deporte en el país, que ahora ven más cerca el sueño de debutar en una de las mejores ligas del mundo, como él lo hizo en mayo de 2017.

Andrés llegó al club LOU Rugby de Lyon, a mediados de 2016, luego de tener una exitosa adaptación al rugby francés en el club Givors, del Fédérale 3 (tercera división), y de probarse en varios equipos de la primera división francesa.

En LOU se afianzó en el equipo juvenil que juega el torneo nacional Sub23, y después de mostrar sus enormes capacidades técnicas y físicas en varios entrenamientos con la plantilla profesional, le llegó la hora de debutar.

El 6 de mayo de 2017, el LOU visitó al FC Grenoble en juego correspondiente a la jornada 26 del Top 14, la primera división francesa, y Zafra entró al minuto 69 para disputar sus primeros minutos de la temporada con el equipo profesional, en la liga local.

“Fue la primera vez que jugué en el Top 14, aprendí mucho aunque jugué solo unos minutos. Había jugado una vez en Inglaterra un partido por la Copa de Europa, y con este ya son dos los que he disputado con los profesionales”, afirmó el deportista cucuteño desde Lyon, en donde además de adaptarse al alto nivel de competencia ha tenido que acoplarse a su nueva vida en uno de los países más influyentes de Europa.

El partido terminó 53-21 en favor de Grenoble, pero para Andrés quedará por siempre el recuerdo de haber jugado sus primeros minutos en el estadio Des Alpes, en la que para muchos especialistas es la mejor liga europea de rugby.

Para William León, uno de los dos entrenadores que descubrieron el talento de Andrés Felipe en el rugby nortesantandereano, el hoy segunda línea del LOU mostró capacidades para llegar lejos desde las primeras prácticas.

“Zafra llegó al rugby porque Daniel Avellaneda (entrenador) lo convenció para ir a entrenar. Cuando lo vi, noté sus condiciones físicas y le dije que tenía todo para llegar a la selección Colombia”, recordó León, entrenador principal del Club Carboneros, donde Andrés empezó a jugar rugby.

Ni William ni Daniel Avellaneda se equivocaron. Descubrieron una joya en medio de un mar de muchachos que soñaban con ser futbolistas.

Ahora, mucho tiempo después de haber hallado en el rugby el camino para llegar al éxito profesional y personal, Andrés Felipe Zafra tiene más motivación que ese primer día en el que entrenó con un balón ovalado.

La temporada en Francia está por terminar, pero los sueños de Andrés hasta ahora empiezan a hacerse realidad.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 22 de junio de 2017

1141.- NESTOR PUERTO, PRIMER GOL OLIMPICO DEL CUCUTA DEPORTIVO



Omar Romero Güiza

Néstor Orlando ‘El Mono’ Puerto dejó su marca registrada en el emblemático estadio General Santander, al anotar el primer gol olímpico, hace 46 años, en el arco del costado sur.’

A sus 70 años, Néstor Orlando Puerto Duarte vive con mucha tranquilidad.

El expuntero izquierdo del Cúcuta Deportivo de  mediados de los 60 y 70, que jugó 12 o 15 años como profesional se caracterizó por su habilidad y velocidad para encarar las defensas contrarias marcando goles, haciendo delirar a los hinchas motilones.

Pero lo que nunca se ha borrado de la memoria de Puerto o el ‘Mono’ como solían llamarlo sus amigos, es el gol olímpico que le anotó una noche del 12 de mayo de 1971, en el estadio General Santander,  al arquero Roberto Vasco, del Deportivo Pereira, compromiso que ganaron los motilones (3-0), con un doblete de Hugo Horacio Lóndero.

Fue el primer gol olímpico que se marcó en Cúcuta y lo hizo el cucuteño Orlando Puerto.

Luego del triunfo, el  espectacular gol lo fue a celebrar como todo un acontecimiento histórico que ni él mismo se lo podía creer.

Su anotación marcó el camino del triunfo para los rojinegros, pues Lóndero había adelantado  a la tribu rojinegra.

“En ese partido, Carlos Samboní inició la jugada y el balón lo mandaron al tiro de esquina. Corría  más o menos 25 o 30  minutos del segundo tiempo, entonces fui a cobrar y con tan buena fortuna le metí el balón al segundo palo a Roberto Vasco. Fue toda una alegría, el primer gol olímpico en el General Santander”, contó Puerto, sentado en su silla mientras veía pasar la gente invitándola a comprar  ropa en su negocio de la avenida séptima entre calles 12 y 13.

Asimismo, rememoró que “no fue una casualidad, tiré a hacerlo olímpico aprovechando que esa noche el viento era fuerte y logré conseguirlo”, confesó Orlando Puerto.

Cúcuta Deportivo, 1972-1973
De pié, de izquierda derecha: Néstor Orlando Puerto, Ortíz, Isabelino Martínez, conde, Joaquín Ramírez Y De La Hoz. Abajo hincados, mismo orden: Carlos Samboní, Carlos Obando, Marichal, Meza y Fabio ´guaracha´ Mosquera.

Cuatro años después, Puerto vestiría la camiseta del Pereira donde se encontraría con Vasco.

“En el 75 llegó al Pereira, allá me encuentro con Vasco recordamos ese gol y nos dio mucha nostalgia, y en el tiempo que estuve fuimos muy buenos amigos”.

Pero así, como añoró esa anotación que lo inmortalizó, también extraña a su Cúcuta Deportivo, ese que por años siempre acompañó en el estadio General Santander.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 20 de junio de 2017

1140.- MONJA CUCUTEÑA ABSUELTA DE HOMICIDIO



La Opinión

El 13 de mayo de 2004, la monja recuperó finalmente su libertad.

El Consejo de Estado condenó a la Nación a pagar una indemnización a la monja cucuteña Leticia López Manrique, quien estuvo detenida injustamente, señalada del homicidio de la hermana Luz Amparo Granada Bedoya.

El sonado caso de la religiosa recorrió todos los estrados judiciales, luego de que fuera detenida el 31 de marzo de 2000 y liberada el 23 de abril de 2001, por orden  el Juzgado Catorce Penal del Circuito de Bogotá.

Sin embargo, dicha sentencia fue apelada por la Fiscalía y condenada en segunda instancia a 14 años de prisión por el Tribunal Superior de Bogotá, en enero de 2002, razón por la cual, se entregó ante las autoridades.

El caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, que en mayo del 2004 la absolvió al considerar que ella fue condenada con base en indicios y no con pruebas concretas y contundentes y ordenó su libertad inmediata.

“El daño moral es irreparable, por más que pasen la noticia a nivel mundial de que soy inocente, pero la verdad es que ante mi Dios siempre he vivido con esa tranquilidad. También el tiempo se encargará. El que nada debe nada teme, por eso salgo con la frente muy en alto”, dijo el 13 de mayo de 2004 a su salida de la cárcel de mujeres de Cúcuta, adonde fue trasladada para estar cerca de su familia.

Leticia era hermana de la Congregación de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, consagrada desde el 22 de junio de 1973, y por su detención fue exclaustrada de la congregación religiosa.

Igualmente, tuvo que afrontar un proceso de expulsión de la comunidad y el 13 de junio de 2005 se vio obligada a solicitar “la dispensa de sus votos religiosos” y del cumplimiento de todas sus obligaciones al Papa Benedicto XVI, la cual le fue concedida y además dejó de percibir ingresos para su subsistencia.

La Sección Tercera explicó que el solo hecho de haber estado detenida en un proceso que salió a su favor basta para que el Estado sea considerado responsable. Además, destacó que en el proceso penal no se recaudó ninguna prueba que comprometiera la responsabilidad de la monja y que la acusación en su contra se había fundado en meras sospechas y conjeturas.

“Basta para que se configure la responsabilidad del Estado por la privación de la que fue objeto Leticia López Manrique. Y es que incluso si se considerara que la absolución se produjo por duda que favorecía a la sindicada, de todas formas habría lugar a proferir sentencia condenatoria, aplicando, como ya se advirtió, un régimen de responsabilidad de carácter objetivo”, dice el fallo.

Película

La monja cucuteña viene de una familia de 14 hermanos y desde pequeña mostró vocación por el servicio religioso. Inició estudios con las hermanas adoratrices, en Venezuela. Más adelante, fue trasladada a diferentes ciudades colombianas y, por último, a Bogotá, en el barrio La Candelaria, donde ocurrieron los hechos, por los cuales fue acusada.

El caso inspiró  la realización de la película ‘Hábitos Sucios’, escrita y dirigida por Carlos Palau, donde el tema se relaciona con lesbianismo dentro del convento, tal como Leticia lo denunció en el expediente judicial.
  
Quién o quiénes fueron entonces los responsables del asesinato de la hermana Luz Amparo, será siempre el misterio no descifrado por el ente investigador.

“Espero que algún día aparezcan los verdaderos culpables. Si la justicia investiga”, indicó el mismo día a su salida de prisión.

Los hechos 

Luz Amparo Granada Bedoya fue encontrada el 15 de noviembre de 1999 sobre el kilómetro 15 de la antigua carretera al Llano. El cadáver  estaba cubierto con plástico, cobijas de lana y cajas de cartón para guardar panela. El paquete estaba asegurado por zunchos. La mujer había muerto por un disparo en la sien.

De acuerdo al reporte de las autoridades, su cuerpo estaba parcialmente quemado y desmembrado: le faltaba su brazo derecho y la pierna izquierda estaba semidesprendida. Por su estado de descomposición, los legistas determinaron que el cadáver llevaba varios días allí.

Tras los análisis y las posteriores investigaciones, la Fiscalía ordenó la captura de la hermana Leticia, quien era compañera en la casa de la comunidad de La Candelaria, en Bogotá.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 18 de junio de 2017

1139.- EL RETIRO DE LA POLICÍA NACIONAL



Gerardo Raynaud

En 1948, los principales medios de comunicación lanzaron su voz de alerta sobre una disposición, que dicen, fue tomada “por lo alto”. Consternación, por decir lo menos, causó la noticia que anunciaba que a partir del primero de julio, en la Policía Nacional se ordenaba licenciar el personal íntegro de la División Norte de Santander. 

Prestaban entonces sus servicios a la institución aproximadamente 300 efectivos entre oficiales, suboficiales y agentes. 

La mayor preocupación se resumía en la pregunta del momento ¿Quién va ahora de guarnición en los corregimientos, municipios, caseríos importantes y sitios neurálgicos, amén de las alcabalas, vigilancia en la ciudad, conducción de presos, comisiones de orden público y vigilancia de la frontera?

Se leía en uno de los editoriales de los diarios de entonces “para hacer el elogio de la Policía Nacional y los valiosos servicios que prestó en el Departamento con lujo de lealtad al gobierno y a las instituciones de la república y su fidelidad que en todo tiempo hizo ostentación, gala y alarde a los imperativos de la conciencia y a la sumisión al cumplimiento del deber y a la calidad y condición de caballeros y hombres de bien, que decoraron siempre a agentes, suboficiales y oficiales, vamos a esperar que sea levantado el Estado de Sitio y gocemos de absoluta libertad de pensamiento para que nuestro panegírico no hiera la susceptibilidad y choque con la modestia de estos defensores del orden y de la sociedad.” Todo ello en razón a que en oportunidades  “algunos elementos de la institución hubieran sido víctimas del morbo de la disociación y de la anarquía de los últimos años que allí cundió con la intromisión de algunas modalidades de la política, no es óbice al reconocimiento de los grandes méritos adquiridos por la Policía Nacional a través de los tiempos, de los gobiernos y de los regímenes.”

El desasosiego reinaba y los principales temores giraban en torno al desamparo y al desguarnecimiento de las garantías en las que quedaba la población y sus habitantes, quienes consideraban que hasta tanto, no se hiciera la debida sustitución, no podría prescindirse de ella, ya que el ejército no sería suficiente para prestar los servicios que venía prestando la Policía Nacional, debido principalmente por el escaso número de unidades y la preparación necesaria. 

Y para que quedara constancia de la necesidad de mantenerla en su lugar, en las comunicaciones que se le enviaban a los gobernantes se les aseguraba que “la conducta de la Policía Nacional durante los últimos acontecimientos fue siempre ejemplarizante y digna de todo elogio.”

Todas estas manifestaciones reflejaban los resquemores que se tenía en esos tiempos y en particular en ese año, luego de los trágicos acontecimientos de abril que desató una oleada de violencia en todo el país y que a duras penas pudo ser controlada en un esfuerzo conjunto de todas las fuerzas del orden del país. 

Muy extraño resultaba ser que después de esos luctuosos eventos, que en el Departamento y en su capital revistieron tal nivel de gravedad, se tomara una decisión de esta magnitud, sin embargo, el asombro para las mismas autoridades fue mayor toda vez que la información resultó no ser cierta, razón por la cual, los mismos funcionarios tuvieron que salir a aclarar lo sucedido. 

Lo que en realidad aconteció se originó en la Contraloría Departamental, cuando la gobernación le pidió un concepto sobre la formación de un cuerpo de policía departamental.

Para responder dicha solicitud, los encargados escribieron un artículo que fue publicado en el Boletín de la Contraloría en el que se presentaba un plan orgánico de un cuerpo de policía como tal; más tarde y por petición del Secretario de Gobierno se elaboró el respectivo proyecto de Ordenanza por medio de la cual se creaba la Policía Departamental del Norte de Santander, con todos los elementos que conlleva ese documento, tales como los considerandos, su exposición de motivos y el aparte resolutorio como debe presentarse todo documento legislativo. 

Leído y analizado por el ejecutivo departamental, lo consideró apropiado a sus requerimientos y necesidades, pero durante la discusión en la Asamblea surgieron posiciones divergentes con algunos diputados quienes se manifestaron contrarios a la iniciativa  por los temores de que tal cuerpo se convirtiera en una Guardia Civil, de la cual todavía guardaban ingratos recuerdos. 

Lo que el proyecto de ordenanza pedía era la supresión del contrato con el Gobierno Nacional para sostener la División Norte de Santander de la Policía Nacional por cuenta del Departamento, entre otras cosas, por razones presupuestales ya que los $99.000 que costaba el contrato para pagar los sueldos, el arrendamiento, los uniformes, las comisiones de orden público y demás gastos para el sostenimiento del servicio, eran más que suficientes para conformar un cuerpo de 400 unidades que incluía jueces de instrucción, cuerpo de detectives y demás elementos necesarios para garantizar la seguridad de las personas. 

En ninguna parte del proyecto ni de los estudios previos se tocaba el tema de la proscripción de la Policía Nacional, toda vez que el gobierno está en la obligación de sostener en la región una división de policía, más aún, dada su condición de frontera. Con estas aclaraciones se dio por aclarado el malentendido. 

Igualmente el proyecto de Ordenanza tampoco fue aprobado y todo quedó tal cual.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.